¿Por qué nos gusta tanto el turismo rural, en Pedratour? No es porque seamos de payés –aunque, a decir verdadd, un poco sí–, sino por los valores que se asocian al turismo rural. Y con ello pretendo ir un poco más allá del «hacer turismo en la naturaleza», porque el turismo rural es mucho más que eso. Nosotros somos unos enamorados de la tierra, eso es innegable, pero lo que nos enamora de los hoteles rurales es el proyecto en sí mismo. Los hoteles rurales de Catalunya –y supongo que los de cualquier otro sitio– nacen, por lo general, de un proyecto familiar en el que se embarcan personas que aman su región. Ya sean nacidas allí o vengan de fuera, tienen una profunda conexión con ese territorio y, al final, todo lo que quieren es hacer de su amor a la tierra una forma de ganarse la vida. A menudo, sin más pretensión que esta.

Es por ello que, en su mayoría, los hoteles rurales tienen una serie de características que les confiere un encanto particular: el entorno –evidentemente–, el ambiente dentro del hotel, la historia del propio alojamiento, el trato y la sostenibilidad.

Del entorno, ¿qué puedo decir que no sepáis ya? Tenemos la gran suerte de que nuestra tierra catalana ofrece una maravillosa diversidad paisajística: desde los acantilados de la Costa Brava hasta los lagos glaciares del Pirineo, podemos encontrar entornos naturales variados, cada uno con su oferta de actividades deportivas y culturales. Por eso, cada alojamiento rural tiene una  oferta turística particular en sus cercanías y, por lo general, los gerentes –o los propietarios, o los trabajadores– son muy buenos conocedores de ella y pueden ayudaros a encontrar la actividad ideal para vosotros.

En el interior de un hotel rural, en general, el ambiente es de lo más acogedor. Incluso en los hoteles rurales de lujo –sí, lo sé, son una pasada; es otro nivel– suele mantenerse un aire rústico y cálido, para sentirse como en casa. Y es una fantasía, el poder escaparse unos días a un sitio con un entorno privilegiado, con todas las comodidades y, a un mismo tiempo, poder disfrutar del recogimiento del hogar. Es casi como si hubieses ido a vivir a la casa de tus sueños.

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Además, las casas y hoteles rurales suelen ubicarse en edificios repletos de historia y, a menudo, arrastran un increíble legado. Masías del siglo XI completamente rehabilitadas, casas solariegas de montaña, posadas familiares con varias generaciones de trayectoria… Cada rincón del alojamiento esconde una anécdota, una pizca de historia. La estancia en si misma puede ser un viaje al pasado. ¡Y seguro que los actuales propietarios estarán encantados de explicaros toda la historia de su proyecto!

Y es que el trato en los hoteles rurales tiene esta fantástica peculiaridad. Porque suelen ser proyectos familiares: una pareja enamorada de una zona, o una familia que hace generaciones que regenta el establecimiento, que vierten toda su ilusión y su amor por el territorio en un proyecto que les permite compartirlos. El trato suele ser cercano y familiar, acogedor. Y eso no lo hace menos profesionales, ¡qué va! Pero es un tipo de aproximación al cliente muy distinta. Y es que los que regentan alojamientos rurales no son hoteleros, son anfitriones: te abren las puertas de su casa. Además, las casas y hoteles rurales suelen ser pequeños, con pocas habitaciones: todo queda en familia. Así, a parte de permitir relajarse y desconectar en medio de la naturaleza, el hotel rural ofrece también la oportunidad de conocer a gente y establecer contacto con diferentes personas, ya sea el personal del establecimiento u otros clientes. Comedores pequeños, salas de estar acogedoras y zonas comunes encantadoras, todo ello favorece el compartir un juego de mesa o entablar conversación con el resto de gente que pulula por allí. ¿Y no es tierno y enriquecedor, todo esto?

Sin embargo, puede que lo que más me seduce de los hoteles rurales sea su política sostenible. En general se lo toman muy en serio, precisamente porque aman su tierra y quieren cuidarla. Genuinamente. Así pues, suelen contemplar la sostenibilidad en todos sus aspectos –ambiental, económico y social–, porque es así como se cuida el territorio.

Apuestan por el producto local y de temporada y, a menudo, ecológico. De esta forma potencian la economía de la comarca, además de reducir la contaminación derivada del transporte a larga distancia. Además, esto confiere a su cocina un carácter tradicional e identificativo de la zona, muchas veces fusionado con una innovadora cocina de autor. Recetas y productos típicos, caseros y auténticos –a veces, de elaboración propia o procedentes del mismísimo huerto de la finca–, con una nota de originalidad y modernidad. Así, no solo refuerzan la economía local, sino también la tradición.

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De igual forma, son grandes conocedores del territorio y de su oferta turística. Os recomendaran actividades organizadas por empresas locales y os enviaran a comprar en establecimientos de confianza, de los de toda la vida. Con ello, potencian la economía circular y la ocupación en la región, manteniendo vivas las zonas rurales. 

Por si eso no bastara, la mayoría apuestan por las energías renovables y el transporte sostenible. Muchos de los alojamientos pueden poneros rápidamente en contacto con empresas locales de alquiler de coches eléctricos y bicicletas; a menudo ofrecen guarda-bicicletas y os pueden facilitar recambios, y mucho de ellos ponen cargadores de coche eléctrico a disposición del cliente. Encontraréis muchos equipados con placas solares, que usan estufas de pellas de biomasa, o que disponen de sistemas de filtración de agua para ofrecer agua buenísima sin incurrir en el pecado capital de las botellas de plástico. Fantástico, ¿no os parece?

El turismo rural no es solo una escapada a la naturaleza: es toda una filosofía. Una concepción del turismo que intenta que el ocio y el disfrute sean compatibles con el respeto por el medio ambiento y el entorno. Es una apuesta por la tierra y sus gentes. Y, especialmente en estos tiempos que corren, una magnífica oportunidad de vivir experiencias inolvidables sin salir de Catalunya. Desde escapadas románticas de fin de semana hasta vacaciones en familia, el turismo rural catalán tiene una oferta inagotable y para todos los gustos y niveles adquisitivos. ¿Os animáis?